Gonzalo Ibáñez Santamaría


La afirmación de Fuad Chahín, presidente de la DC, culpando al ex ministro de Hacienda Ignacio Briones de que “él es el responsable que tuvieran que volver las ollas comunes” es, desde luego, una grosera falsedad. Esas ollas comunes volvieron, es cierto, pero no porque así lo haya decidido el ministro de Hacienda sino en razón de la emergencia que provocó la pandemia y que de hecho se tradujo en una alza del desempleo y en una caída muy fuerte de los ingresos de muchos hogares chilenos.

Pero, si los efectos de esa pandemia fueron tan graves fue porque a ellos se agregaron los que ya había producido el estallido de violencia iniciado el 18 de octubre de 2019 y al cual se sumó desde el primer momento la DC. Más de 300.000 personas perdieron su empleo en esas jornadas y la destrucción de fuentes de trabajo y de producción fue simplemente inmensa afectando de manera muy severa la capacidad productiva y la marcha económica del país.

Si las ollas comunes volvieron en Chile fue entonces porque la DC, entre otras causas, apoyó sin reserva ese estallido de manera demagógica incluso en sus manifestaciones de máxima violencia. Fuad Chahin falta así de manera doble a la verdad al imputar, por una parte, la causa de esas ollas a quien no tuvo nada que ver en que ellas aparecieran en la vida de tantas familias chilenas y, por otra, al esconder la evidente responsabilidad que su partido sí tuvo en que ellas hicieran esa aparición.

Pero, junto con dar así una muestra clara de su falsedad -porque no es ignorancia- Fuad Chahín y con él toda la DC, muestran una vez más la crónica tontería que ha acompañado a ese partido durante toda su existencia en el sentido de estar siempre dispuesto a convertirse en el instrumento para abrir paso al extremismo marxista. En otras palabras, para hacer el “trabajo sucio” de modo que después, por el paso que la DC ha abierto, ese marxismo pueda dirigirse triunfante al poder. Por supuesto, cuando quedó a la vista lo que el marxismo significaba en el poder, esos mismos que le habían abierto paso, como los DC en 1973, con Frei Montalva y Patricio Aylwin a la cabeza, no vacilaron en golpear la puerta de los cuarteles para que de ahí saliera la solución a los problemas que ellos mismos habían causado.

Lo que más molesta en este torpe proceder es el empleo mentiroso que hacen del nombre “cristiano”. Es, sin duda, la expresión máxima de la falsedad como instrumento de lucha política. Desde luego, nada tiene que ver el cristianismo con las principales ideas que la DC ha apoyado en su historia, como ha sido ahora último, por ejemplo, la matanza de inocentes que aún no han nacido o la destrucción de la familia.

Si ese partido quiere insistir en la tontería como su rasgo definitorio, allá él. Pero que no trate más de usar al cristianismo como disfraz. Esa grosería es enteramente inaceptable.

Fuente: https://www.facebook.com/gonzaloibanezsm

.