
Cristián Labbé Galilea
A poco de instalado el nuevo gobierno, ya se perciben vientos favorables. Si bien las expectativas siguen altas, la comunidad ha dado señas de confiar en las nuevas autoridades. Es predecible; después de un gobierno que hizo de la inseguridad, la corrupción y la narco-delincuencia su principal legado, amén de la crisis económica, política y social en que sumió al país, llega un gobierno que desde el primer momento, “tomó las riendas” con “el talante y la formalidad” propias del poder.
Por lo dicho, dada la crisis heredada y las expectativas de volver a ser un país viable, referente y con crecimiento sostenido, es imperativo que -desde ya- cada institución y autoridad adopten las medidas necesarias con “coraje, decisión y transparencia”. El ciudadano debe volver a creer en ellas, es ahora o nunca… “Gobernar es atreverse a decidir”.
El país necesita recuperar la “Fe Pública” y el espíritu republicano, “El Estado en Forma” como lo definía Portales, lo que supone un país donde el esfuerzo vuelve a considerarse virtud, donde la palabra tiene valor, donde la ley se respeta por convicción, prima la meritocracia, el abuso es sancionado, y a la corrupción no se le da tregua. Dicho de otra manera, “la situación no permite medias tintas”. El dicho popular lo advierte: “Quien inicia con acierto, concluye con éxito”.
Lo anterior, además de ser un llamado a las instituciones en general, es un emplazamiento a la sociedad política para que deje de lado los intereses partidistas, “baje a terreno y viva en el país real”; eso los obligará a concentrarse en la solución de los problemas reales de la gente, especialmente de los sectores más vulnerables.
Lograr lo anterior exige coraje para enfrentar la apatía, rechazar la mediocridad y desafiar las componendas; exige además, comprender que, más allá de las naturales diferencias existentes, la sociedad política, la sociedad civil, y en general todos los ciudadanos, compartimos un destino común del cual somos corresponsables, y que no puede quedar a la deriva… Tras años de turbulencias, debemos volver a aguas más serenas.
No es una tarea fácil, pero es precisamente en la dificultad donde se mide la grandeza de un Mandatario, de un gobierno y de una nación. La historia nos enseña que cuando los pueblos, después de una tormenta, se ponen de pie con disciplina, convicción y sentido de propósito, prosperan.
Pensar en un “Estado en forma” —como lo entendía Diego Portales— no es simplemente imponer orden y disciplina; es convocar la voluntad ciudadana a dejar de ser espectadora y asumir su rol protagónico, ¡todos sin excepción!, cada uno en lo suyo: el trabajador que cumple con responsabilidad, el microempresario que busca crecer, el joven que estudia para ser más, el vecino que cuida su barrio, el político que actúa con integridad. Hoy más que nunca, a juicio de esta optimista pluma, se requiere el compromiso de todos, como dicen en el campo… “ahora hay puro que ponerle el hombro”.
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