Jesús P. Orellana García
Fundación Voz Nacional


En esta columna me quiero referir a una entrevista realizada por el mostrador el día 27 de mayo, a la Dra. en Filosofía y Feminista Alejandra Castillo, respecto a la Publicación del Periódico The Guardian, con relación a la disminución de trabajos de publicación e investigación, que ha sufrido la disciplina filosófica por parte de las académicas en estos tiempos de pandemia, según los datos aportados por la British Journal for the Philosophy of Science.

La entrevistadora Javiera Bruna, se atreve a afirmar como conclusión válidamente inferida lo siguiente:

“Los datos aportados por la filósofa permiten confirmar que la pandemia sólo viene a amplificar, una vez más, la desigualdad de género a la que se encuentran enfrentadas este grupo de académicas, demostrando que la filosofía siempre ha sido entendida como algo de y para hombres.”

A continuación haremos un análisis para verificar la consistencia de los argumentos entregados, y qué tan plausible es su evidencia o probabilidad, y a partir de ello, podremos saber si la conclusión se sigue necesariamente de las premisas argumentativas aportadas por la Doctora.

A saber, ante la pregunta, respecto a la causa de disminución de producción de trabajos filosóficos por parte de las académicas ante la Pandemia, Castillo señala, que la cuarentena ha venido a dejar de manifiesto que la dualidad Privado – Público; Doméstico – Político; Femenino – Masculino, sigue vigente como siempre, y que dicha dualidad viene a constituir “lo en común”.

“Las cuarentenas a causa de la pandemia han puesto de manifiesto el dispositivo heterosexual que constituye “lo en común”.”

Manifestando que las tareas domésticas siguen recayendo sobre las mujeres, y que con ello el teletrajo a perjudicado al género femenino, de esta manera, los hombres se verían favorecidos en sus labores de producción, provocando una disparidad de competencia en el trabajo académico.

“En tiempos de pandemia, el teletrabajo desde casa para las mujeres no significa tener más tiempo libre. ¿Cómo lo sabemos? Desde el inicio de las cuarentenas, las propias mujeres comienzan a acusar malestar y cansancio de tener que cumplir con sus trabajos ahora “en línea” y cumplir con el trabajo doméstico y de cuidado.”

Pues en este primer argumento, daremos como ciertos los datos obtenidos sobre el nivel de estrés y ocupación doméstica de las mujeres por sobre los hombres, motivadas por el teletrabajo, y las ocupaciones de casa son estadísticas serias. Por tanto, sólo nos queda manifestar que a pesar de ello, eso no constituye causa necesaria para demostar que es por ello que hay disminución de la productividad académica por parte de las mujeres, porque de lo que no se ocupa Castillo en este argumento, es la dimensión de la libertad familiar y las decisiones libres y voluntarias que toma cada integrante, la organización de las tareas, y apoyo mutuo de la pareja, sobre todo de las nuevas generaciones, que cada vez comparten por igual la carga doméstica y el cuidado de los hijos. Además, cuando se analizan los datos, toma como un todo los casos laborales del teletrabajo, y no se centra en el caso exclusivo de las académicas dedicas a la actividad filosófica, por tanto, hace una argumentación erística, porque parte de premisas que se constituyen como falsas y además son no conclusivas.

En segundo lugar, pone como evidencia una cantidad de gráficos que dicen relación a la cantidad de mujeres v/s hombres que compondrían las universidades nacionales en la actividad filosófica. Resultanto que en todos los casos la mayoría de participación, ya sea en cátedras, publicaciones y/o investigaciones la tienen los hombres. Luego, se concluye que a razón de las estadísticas, queda demostrado que hay una configuración que favorece al hombre por sobre la mujer en la actividad académica de la actividad filosófica.

“La pandemia pone en evidencia la insistencia del carácter heterosexual de la división del trabajo. A pesar que las mujeres realicen trabajo remunerado fuera del hogar, el trabajo doméstico y del cuidado es realizado, casi exclusivamente, por ellas. Sin duda, que el teletrabajo y el trabajo del cuidado en cuarentena pondrá obstáculos para la “productividad” de las mujeres en el área de la filosofía.”

Me atrevo a decir que dicha conclusión es una falasia de non causa pro causa, es decir, que las premisas planteadas no son causa probada de lo acontecido. Dado que hay muchas variables que no se están considerando, por ejemplo, dentro de las estadísticas mostradas no se considera cantidad de mujeres vs hombres en relación al ingreso de la carrera de Filosofía, al índice de egreso, índice de titulación e índice de posgrados. Si la cifra fuera pareja, podríamos decir que algo sucede con respecto a la desigualdad de contratación de parte de las casas de estudios; empero, las cifras demuestran que la carrera de Filosofía mayoritariamente es estudiada por hombres, lo que genera más académicos hombres que mujeres. Se sigue que en orden de competencia ante un cargo, estadísticamente, haya más probabilidades de contratación de un hombre que una mujer, por cuestión de números.

Ahora bien, discutir este asunto ya es del todo fastidicioso, es decir, con todo, considero sin dudas que dentro del campo de la Filosofía y su práctica académica, debe ser el lugar donde menos machismo irracional debe existir, toda vez que el acto de filosofar no obedece a cuestiones de género. Incluso, aunque la tendencia sea nombrar como “Filósofo” a cualquiera que tenga estudios en filosofía, degradando el concepto a mero apodo, aún así, los académicos que se dedican a la cuestión filosófica, de seguro están más preocupados del saber que de entranparse en temas de discriminación laboral hacia mujeres por ser mujeres.

Por lo mismo, y con respecto a las medidas propuestas por la doctora, que son estas tres:

  1. Asignar más recursos económicos para la contratación de filósofas
  2. Se deben transformar las mallas curriculares incorporando seminarios, cursos y monográficos relativos al trabajo de escritura de filósofas.
  3. Incorporar la práctica de la “paridad” en todas las instancias en las que se constituya el “cuerpo” visible de la filosofía: revistas, coloquios, congresos y consejos.

Cabe considerar que sólo vienen en denostar la actividad filosófica, además queda manifiesto, que lo planteado por Castillo no es motivar el camino del saber, sino de imponer una ideología odio. Pues, no se puede decir de otra manera, una mirada totalmente alejada de lo filosófico, y que sólo trata de manifestar que hay una suerte de orden hetero-patriarcal en la actividad-académica para sembrar la victimización con el fin de imponer su voluntad. Vale decir, para que haya más contratación de “Filósofas”, es necesario que haya más “Filósofas”, y dentro de las más, allá más destacadas. Porque, con el sólo hecho de contratar más número de académicas mujeres, no aseguramos que haya más “Filósofas”. Además de perder toda competencia académica con miras al conocimiento, ante la igualdad de capacidades intelectuales por parte de ambos géneros.

La segunda propuesta se responde de la misma manera, pues no hay impedimento para estudiar a “Filósofas” en medida que existan “Filósofas” para estudiar, nunca he visto que haya algún tipo de problema para estudiar a Carla Cordua, Hannah Arendt, Ana Marta González, Judith Butler, etc.

Y la tercera, es la propuesta “tipo” de la ideología feminista, incorporar “paridad” en todo, pues la respuesta es: el espacio se gana con buenas investigaciones, buenas publicaciones y en última instancia con sabiduría, no por secretaría, la actividad filosófica es abierta al mundo y a quién desee practicarla, no discrimina géneros, edades ni etnias, las plazas en las universidades o centros de estudios o investigación, se ganan con trabajo y calidad.  

En fin, esta entrevista es la manifestación latente de como la ideología a abarcado ámbitos del saber más allá de la política ordinaria. Pensar que la filosofía se debe regir por paridad es tan absurdo como pretender que no existan más hombres en la tierra.

Para concluir, queda más que mostrar que la conclusión a la que ha llegado la periodista:

“…demostrando que la filosofía siempre ha sido entendida como algo de y para hombres.”

Tiene ni cabida ni asidero, toda vez que los argumentos presentados por la Doctora en Filosofía no soportan análisis crítico, carecen de rigurosidad lógica,  y con ello pierde toda consistencia argumentativa; por tanto, sus razonamientos son no-conclusivos, porque la inferencia es débil al no poder demostrarse la causalidad de las premisas sobre la tesis afirmada.

 

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