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Osvaldo Rivera Riffo
Presidente
Fundación Voz Nacional


Me voy a permitir copiar el título de un famoso libro de la filósofa Hannah Arendt “La mentira en política” para demostrar que las denuncias sobre la tergiversación de la verdad son un capítulo insoslayable e inherente a la acción de políticos de todos los sectores e históricamente demostrado; Maquiavelo la consideró entre sus consejos al Príncipe.

Arendt propone un extraordinario análisis sobre las causas epistémicas (principio de racionalidad), mediante las que un gobierno puede desentenderse de rendir cuentas de la realidad y los hechos reduciendo el vínculo con la ciudadanía a mera manipulación y propaganda.

Con ello la filósofa denuncia fenómenos que vemos a diario, como la “pos verdad” advirtiendo a los Estados de los perniciosos efectos materiales que genera supeditar la agenda política al dictado de relatos falaces y técnicas anestésicas de la verdad.

Es así entonces que la mentira es una práctica que tradicionalmente la opinión pública relaciona con la profesión política. Es una postura ampliamente aceptada en las sociedades democráticas, con independencia de su edad o color político y se construye sobre una imagen artificial en la que habitualmente pensamos que la política en general y los dirigentes políticos en particular, eran más sinceros y francos en el pasado mientras que los actuales aparecen como mentirosos compulsivos.

Lo importante hoy es que el juicio sobre si lo que un político dijo es verdad o es mentira queda en manos de los electores. Si los electores consideran que mintió, se tratará  de un engaño y que al no ser aceptado por los votantes, puede suponer el final de la vida política del político.

Así entonces, si  los políticos pueden mentir, la ciudadanía tiene la posibilidad de castigarlos electoralmente si se siente engañada o defraudada. Por tanto, aunque los políticos no siempre digan la verdad, deben esforzarse por cumplir las promesas de su programa electoral y garantizar cierta verosimilitud entre sus palabras y sus acciones. El dilema que siempre tienen, es como disfrazar la mentira para cumplir con su programa.

Dicho lo anterior ejemplifiquemos con las manifestaciones recientes de grandes mentiras políticas.

El actual presidente señor Boric, concurrió a la inauguración del año académico del Instituto de Chile donde expresó textualmente lo siguiente: ”Yo quiero como representante de esta generación millennial, o como quieran llamarla ,decir que en los  30 años famosos hubo muchos movimientos y que Chile no parte el 2019 ni parte el 2011. Chile es un país que desde la recuperación de la democracia… en los últimos 30 años, hubo tremendos avances, tremendos avances”. Y agregó “Hemos retrocedido en algunas cosas… pero la reducción de la pobreza, el acceso al consumo, la ampliación de las matrículas, son cuestiones que nadie en su sano juicio puede decir que se hizo mal”

Pero resulta que él llegó a la Moneda bajo el slogan que hizo suyo en el conato de derrocamiento a Piñera, en las protestas de octubre del 2019 que causaron, incendios, vandalismo, destrucción y muerte  “no eran 30 pesos eran 30 años”

Miente Boric, ya que la generación millennial dividió al país, lo polarizó entre buenos y malos y lo peor es que plasmó e hizo suya toda su perversa ideología en el borrador de constitución que se plebiscitará en septiembre transformándola en su proyecto político. Pero ante el desastre que impera en su gobierno corrió a ver a Lagos para darle sustento a su tardío reconocimiento a los 30 años

Veamos otra gran mentira que parece ser la tónica medular de éste gobierno. Intentaron cambiar la institucionalidad de la Primera Dama de Chile, responsabilidad que tiene asociada recursos provenientes del presupuesto nacional y que de cuya acción el presidente da cuenta a la Nación, y decidieron llamarla Gabinete Irina Karamanos. Como la reacción pública y política no se hizo esperar reprochando semejante disparate, culparon al personal administrativo del “error” La vocera Vallejos comunicó “efectivamente no hubo visaje presidencial y por parte del mismo equipo de Irina y esto ha sido corregido inmediatamente” Entonces si lo que indicó la vocera es cierto ¿qué papel cumplió Luis Escalona, jefe del departamento de TI, al inscribir en el NIC el dominio gabineteirinakaramano.cl el 18 de marzo y por orden de quién?, ¿qué papel le correspondió  a Antonia Rozas, directora administrativa de la Presidencia, quien firmó el decreto exento que tenía plena vigencia desde el 30 de marzo?

Si la vocera no miente entonces ¿por qué no se despidió a ambos funcionarios de sus cargos ya que cometieron una falta gravísima desde el centro motor del palacio de gobierno? Ya sabemos que nada de eso ocurrió y la mentira pasa a ser la protagonista principal de los dichos de la vocera, quien dio la cara para tapar el engaño.

La fe pública en ambos caso manifiestamente agredida, desprestigiada y lo que corresponde entonces, en el juego democrático, es restarles la confianza y ejercer el único derecho que nos queda para salvar el orden, el estado de derecho y la República. Votar Rechazo ante el manifiesto engaño que hacen de la fe pública y ante el burdo  intento de refundar nuestro país a través de la mentira y la tergiversación de la historia.

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