
Por Raúl Pizarro Rivera
Una recién electa diputada del PdG, muy solicitada para concurrir a programas de TV, manifestó que en la elección presidencial “sólo hubo ganadores y no derrotados” … Al pedírsele que aclarase tal extravagancia, respondió que “un resultado adverso, por muy grande que sea, es un aprendizaje para la vuelta de mano que vendrá, porque a los perdedores les tocará volver al poder, dado este sistema de alternancia” … (¿?).
Tras digerir con dificultad la duda originada por el particular racionamiento de quien redactará leyes en el Parlamento, se llega a la inquietante conclusión de que con este tipo de “políticos” no le será fácil entenderse al Presidente electo por ser portadores de la misma tara de quienes eligieron a Gabriel Boric en diciembre de 2021.
Días antes, en la víspera de la votación, un también recién electo diputado por la DC en un distrito campesino de la X Región, afirmó que “Jara gana de todas maneras, pero yo, como buen cristiano, estoy rezando para que se produzca dicho milagro” (¡¡!!)
Son estos peculiares micro raciocinios los responsables de que el progresismo haya sufrido la más grande derrota en la historia política del país. Luego que ganase la primaria de la izquierda, dicho sector, el Gobierno y sus súbditos tuvieron la certeza de que la candidata comunista no tenía ni una remota opción de ser electa. Incluso, semanas antes del 14 de diciembre, la futura oposición tuvo sus primeros contactos para ir abordando la composición de sus anunciados dos bloques anti liberalismo: uno, el súper duro del PC, FA y el PS, y el otro, con todos los demás, ahora autodefinidos de centro izquierda.
Pese a dicha convicción de una derrota, el progresismo montó una denostable campaña en contra de J.A. Kast y pletórica de falsedades para convencernos de que su estiércol era igualmente dulce que la mermelada: sólo un 40% de los chilenos mayores de 18 años se tragó el embuste.
Tanta mentira al progresismo le significó la humillación de perder en absolutamente todas las Regiones del país y con miserables victorias en ¡36 de las 346 comunas! que tiene el territorio nacional. Un barrido total al peor Gobierno de la historia.
Desde 1958 que un genuino y sin dobleces derechista -Jorge Alessandri Rodríguez- no era electo Presidente de Chile, y no hay otra explicación para tan histórico resultado que el rechazo rotundo de la ciudadanía a un progresismo que la ciencia política lo entiende, y define, como “una ideología sinónimo del Estado de Bienestar”, nombre de fantasía puesto por el marxismo para disimular un régimen totalitario estatista. Dicha mención aparecía en varios capítulos del abrumadoramente rechazado proyecto de la Convención Constitucional.
En su cierre de campaña, en Coquimbo, la candidata Jara pidió a sus adherentes que “vayan donde puedan y pídanle a la gente que no se abstenga, porque con nosotros seguirán avanzando… y, así, evitaremos el retroceso que significará un triunfo de la derecha”…Este imaginario “volver atrás” -“involución” lo llama Pedro Sánchez del PSOE y ‘hermano mayor’ de Boric- lo destroza un solo dato: hace seis años, Chile figuraba en el lugar 100 entre más de 190 países en el ranking mundial de inseguridad ciudadana: ¡hoy está en el puesto 35! La solución a esta terrorífica realidad es la que anunció el candidato vencedor en su discurso de la noche del triunfo: “los que incendian, los que hacen barricadas, los que pintarrajean muros, los que vulneran los derechos de los demás, los que fabrican y lanzan bombas, los que apedrean a carabineros, ésos ahora irán presos, y si son menores tendrán que responder sus padres”. Sus palabras originaron, inmediatamente, el llamado de líderes de ‘organizaciones sociales’, o sea, grupos terroristas, para “unirnos en la resistencia”…
El “seguir avanzando” de la candidata comunista no era más que perseverar en lo que su partido, su Presidente, sus colaboradores y parásitos han ‘trabajado’ en estos cuatro años: el despojo, el abuso, la apropiación indebida, el aprovechamiento personal, la ilegalidad e inmoralidad y la protección a los más abominables actos de corrupción, como el de las Fundaciones brujas, las licencias falsas, la demora intencional de juicios y, más recientemente, el apocalipsis en Gendarmería.
En una movida desesperada de última hora, el fiscal Xavier Armendáriz, un marxista con una hija funcionaria de Gobierno, anunció el cierre de la investigación contra Manuel Monsalve y que podía iniciarse el juicio, pero ello sin notificar al tribunal, en una maniobra destinada a recuperar el voto femenino que se restó de Jara porque nadie del Ejecutivo solidarizó con la mujer violada por el ex Subsecretario del Interior.
Fruto de su corva conducta, el agónico Mandatario se encargó de aclarar que “no he cambiado”, ello tras su gesto de telefonear y recibir en La Moneda al Presidente electo, aunque no pasó de largo su convocatoria a la “unidad de todos los chilenos”, la que él personalmente se encargó de hacer añicos, al gobernar exclusivamente para los suyos y, de paso, enriquecer a muchos de ellos, como la enorme cantidad de ladrones de joyas que se las “vendieron” a la Caja de Crédito Prendario en más de $ 1.500 millones pagados con fondos de todos los chilenos.
La única que, aunque aún en estado de shock, se animó a defender “la obra” de su compañero fue la presidenta del FA, conocida en su ambiente como “la gordi de la chaleca”. El resto, incluido el comunismo, se ha abstenido de auto críticas: abrieron la boca para despotricar contra Kast por recibir, entre muchas, felicitaciones de autoridades de Israel por su elección. Este mal disimulado silencio no rigió para Giorgio Jackson, quien aparte de reconocer sus numerosas “metidas de pata”, fustigó a su -suponemos- ahora ex amigo Boric por el estallido, por la Convención, por los indultos y por el negociado con la casa de Allende, y el otro que no pudo contenerse fue el lenguaraz y oportunista Francisco Vidal, quien reparó que “quienes se abstuvieron de apoyar al Gobierno fueron sectores populares de la Región Metropolitana que siempre habían sido muy fieles a la izquierda”.
Pero quien se salió de todo marco, quizás en la esperanza de algún trabajo futuro, fue el canciller Alberto Van Klaveren (PPD): quien transgredió la tradicional cautela diplomática al calificar de dictador y torturador a Maduro y barrer con Petro, uno de los escasos amigotes internacionales de Boric, a quien trató de narcotraficante, todo ello en respuesta a sus insolencias contra quien a él le gustaría que fuese su nuevo jefe.
Nunca se ha escuchado alguna excusa, ni siquiera explicación, de un boxeador noqueado, porque no sospecha cómo surgió el golpe que lo dejó inconsciente. Pero en esta oportunidad, el tumbado Gobierno sí sabe de dónde provino el puñetazo y por qué.
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