Por Raúl Pizarro Rivera


Un antiguo y cada vez menos creíble experto electoral, hoy dedicado a los vaticinios políticos, pronosticó que José Antonio Kast “no podrá hacer lo que ha prometido, porque necesitará los votos de la oposición para gobernar” y eso “le echará por tierra su prometida unidad nacional”.

Su presagio es igual que confundir los gatos con los conejos: el concepto universal de nación está intrínsecamente ligado a la gente que la habita, y a ésta se la define como “una comunidad humana con características de identidad compartida, que se diferencia del Estado y es ajena a las vicisitudes políticas”. Clarito.

Tan real es esto, que, al menos en Chile, el ámbito político recibe apenas un 2% de adhesión de la gente, o sea, ¡un 98% de rechazo!

Tal unidad nacional ya se dio, y de modo inédito, el 14 de diciembre, cuando en las 15 Regiones del país se impuso la propuesta de Kast, al igual que en 313 de las 376 comunas del territorio nacional.

Esta identidad de objetivos de casi 8 millones de ciudadanos con el programa de Kast es su gran fortaleza para sortear la asquerosa y cobarde trampa que ideó la izquierda para perjudicarlo y, fundamentalmente, para vengarse de su humillante derrota electoral sufrida por su candidata comunista Jeannette Jara. Esa zancadilla se llama Michelle Bachelet.

En estos momentos, Chile, como país, está asociado con Brasil y México en la inscripción y candidatura de la ex Presidenta a la Secretaría General de la ONU. De momento, los tres países patrocinantes están en manos de Gobiernos de izquierda, pero a partir del 11 de marzo, tal postulación quedará coja: Chile pasará a ser una nación de derecha, sin vínculos ideológicos ni identidades comunes en cuanto a la percepción de una democracia liberal y honesta. En cuanto a corrupción, Boric es casi un bebé al lado de Lula y Sheinbaum.

La izquierda local, para sostener la trampa tendida al futuro Gobierno, ha generado una campaña interna destinada a convencer a la gente que “por razones diplomáticas”, Kast ”no tiene más alternativa que apoyar la candidatura de Bachelet”, ya inscrita en la ONU por la, todavía, trilogía marxista.

Dado el poco tonelaje político de ella, sus aliados intentaron darle un Golpe Blanco para sacarla de La Moneda a los tres meses de haber asumido su primer mandato, y su segunda administración fue la cuna de la corrupción del Estado, la que hoy se halla desmadrada. En la práctica, terminó anticipadamente su gestión, al mentirle a la ciudadanía sobre una especulación inmobiliaria de su entonces nuera. Hoy no es un personaje de interés para sus compatriotas, que ya se decepcionaron de ella cuando confesó, a la televisión alemana, que nunca fue médico cirujano. El título se lo regaló un ex pololo cuando era autoridad en la Universidad de Chile.

Su imagen ya estaba mal herida, tras revelarse que en las escandalosas defraudaciones de las Fundaciones brujas, desde la Gobernación penquista le traspasaron $350 millones para el pago de personal de su propia Fundación, Horizonte Ciudadano, creada para perpetuar su legado y con sede en Las Condes. Nunca se ha investigado tamaña irregularidad con las finanzas fiscales, aunque de qué extrañarse si, además del tremendo déficit fiscal que dejará a su sucesor, al Presidente Boric le acaban de dar varios millones “por cumplimiento de meta”: escondió bajo la alfombra los más deleznables delitos de funcionarios, colaboradores y amigos muy cercanos.

Bachelet era la candidata presidencial favorita no sólo de Boric, sino de la izquierda en su conjunto para enfrentar a Kast, pero ninguna, absolutamente ninguna investigación de respaldo ciudadano hecha por el Gobierno le dio la menor opción de volver a La Moneda. Fue por esa falta de adhesión ciudadana que ella declinó competir en la presidencial. ¿Qué tanto ha cambiado la percepción de la gente como para que, ahora, la gente respalde su candidatura a la ONU?

El hecho que el nuevo Presidente se resista a sumarse a la trampa de la trilogía marxista, es el mejor modelo de la “limpieza” que, tanto y por tanto tiempo, ha pedido la gente. En la propia ONU, Bachelet no disfruta de buen ambiente: 14 países le solicitaron al actual Secretario General, el socialista António Guterres, que no le ofreciera quedarse por otro período como Alta Comisionada y todavía es recordado el altísimo tono del reclamo en su contra del poderoso Xi Jinping en su contra. China y Estados Unidos, miembros del Consejo de Seguridad, anunciaron que la vetarán.

Todos los mandatarios del mundo obran a discreción en los nombramientos diplomáticos, por lo que es muy normal y frecuente la gran movilidad en dicho ámbito en cuanto a designaciones y remociones.

Todos los países y organismos internacionales deberán tomar razón de que, a partir del 11 de marzo, Chile tendrá otra administración del Estado y que el continuismo corresponde automáticamente sólo a los tratados internacionales ya existentes. Las decisiones políticas, y muy parciales, como en este caso, no constituyen un traspaso automático.

El que la izquierda insista en que “Kast no tiene otro camino que confirmar la candidatura de Bachelet” es sólo un cebo para proporcionarle a Kast su primera y gran derrota en venganza por su debacle electoral del 14 de diciembre.

Son miles de ciudadanos hoy socialmente en crisis que pueden ser beneficiados con los millones destinados al financiamiento de la costosa campaña, con extensos desplazamientos, de una candidata condenada al fracaso. En una burla a la ciudadanía, el canciller le contó al país que el costo de esta aventura izquierdista será de apenas 54 millones de pesos¡¡!!

Si el actual Gobierno no dudó en malgastar el dinero de todos los chilenos, el próximo no lo hará y, para ello, alista un sustantivo operativo de recorte al desbordado gasto fiscal. Por ello, la gente da su total apoyo a que los recursos que son de todos no se sigan despilfarrando, y en este despilfarro se incluye la mal intencionada y sin destino postulación de Bachelet.

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