Columna de análisis político 

 

 

 

 

Michael Guerrero
Analista político


La noche del 20 de julio de 2026 quedará como una lección de manual para cualquier gobierno que confunda el mandato presidencial con gobernabilidad legislativa. El presidente Abelardo de la Esprilla llegó a la Casa de Nariño con un capital político inédito: una narrativa anti-establecimiento, tecnología de campaña de vanguardia y un electorado movilizado en contra de "la casta". Pero el Congreso, ese cuerpo tradicional y hasta ahora pasmado, acaba de recordarle una verdad que ningún algoritmo de campaña puede reescribir: la Presidencia se gana en las urnas, pero se gobierna en los pasillos del Capitolio.

Lo ocurrido con la elección de la mesa directiva del Senado no fue un accidente de coyuntura. Fue una demostración de que las reglas parlamentarias, siguen siendo el terreno donde se libra la verdadera batalla del poder. El uribismo, y de la mano con la izquierda de Pacto Histórico, articuló lo que la ciencia política denomina una coalición negativa: una alianza cuyo propósito no es construir una agenda compartida, sino bloquear el ascenso de un tercer actor al centro de gravedad institucional.

La pregunta que debe quitarle el sueño hoy al gobierno nacional electo no es quién ganó la presidencia de la cámara alta (Senado de la república), Es esta: ¿Estamos ante un episodio táctico e irrepetible, o ante el nacimiento de un bloque con vocación de permanencia?

Las coaliciones negativas tienen una característica que las hace especialmente peligrosas para un gobierno entrante: no requieren coherencia ideológica para sostenerse, solo requieren un objetivo común. Uribismo y otros sectores no necesitan compartir un proyecto de país con la izquierda tradicional para coincidir, punto por punto, en que el nuevo outsider no debe controlar los resortes institucionales. Esa es una alianza barata de construir y, si el Gobierno no actúa con inteligencia política, este escenario tiende a repetirse en cada votación relevante: ponencias, mociones de censura, reformas estructurales, control político a los ministros.

El error estratégico que puede cometer el Gobierno del Tigre es doble: primero, leer esto como un hecho aislado; y, segundo, tratar la derrota de Deluque, candidato propuesto por el gobierno entrante a ocupar la silla de poder en el senado, como una anécdota de una noche, y no como el primer síntoma de una arquitectura de oposición legislativa que se está ensayando en tiempo real.

Ahora la pregunta y reflexión que quiere dejar este autor es: ¿De qué sirve haber ganado la calle si se pierde el Congreso?

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