Alex Droppelmann Petrinovic


A un día de las elecciones presidenciales y parlamentarias se instala en muchos de nosotros la pregunta acerca de lo que podría ser mas o menos conveniente de votar en el entendido que descartamos de plano hacerlo por una candidata comunista.

Aquella que en su acto de clausura miraba con manifiesto gozo y complacencia los brincos furibundos de sus verdaderos electores que gritaban “el que no salta es paco” añorando los tiempos de la violencia y la revuelta.

Despejada esa variable y situándonos en el espectro de la derecha de Kaiser, Kast y Matthei, y teniendo como prioridad derrotar a la candidata comunista surgen algunas reflexiones que puede ser importante compartir.

No soy experto electoral ni pretendo serlo, tampoco soy adicto al esoterismo de las predicciones y entendiendo que tras una elección siempre hay un juego entre alternativas los invito a pensar en la hípica. Donde hago mi apuesta, a quien le otorgo mi boleto.

Lo primero que surge y perméa las emociones es la sensación de frustración y hartazgo respecto a la gestión de este gobierno y su presidente Boric. Es tanta la frustración, la rabia, la sensación de frustración e impotencia frente al desparpajo de sus actos, el desprecio manifiesto hacia la mayoría de los chilenos que el deseo colectivo de nuestro sector dice ;Basta.

Estamos hartos.

Hartos del robo de la dilapidación y la pésima gestión, hartos de las fundaciones y los robos, hartos de museos de la memoria e ideologías woke.

Desde allí empiezan las dudas y ambivalencias, prevaleciendo el hartazgo como brújula legítima de una elección. Inclinándonos a votar por quién se haya manifestado mas radicalmente a cortar de raíz todo aquello que nos tiene harto.

Opción legítima y reparadora pero insuficiente como única variable de un análisis.

Terminar con el hartazgo supone mas claramente ganarle a la candidata comunista en segunda vuelta que al parecer será el caso, pero con un margen amplio que en ningún momento ponga en peligro la elección. Si bien las encuestas tienen una validez relativa, hay orientan hacia quienes se vislumbran con mas opciones de derrotar a la candidata comunista en segunda vuelta, Cuestión a considerar.

Ganar también es deseable hacerlo por un margen importante de diferencia para legitimar los cambios y acciones del próximo gobierno.

Así las cosas, aunque por el hartazgo que vivo y padezco mi corazón esta con Kaiser pero mi análisis y la razón me indican otra cosa. Salvo se genere un fenómeno del tipo Milei en Argentina.

Que hago con mi hartazgo, como me libro de ello, con la votación parlamentaria votando por todo aquello que no sea de la casta, personas nuevas y mas radicales en sus propuestas, aquellos no tan mañosos, menos volubles, tibios y en algunos casos cobardes.

¿Y en las presidenciales qué?

Ultima variable de análisis a considerar.

Si Matthei o Kast. Ambos se vislumbran como ganadores por un buen margen ante la candidata comunista.

Pero hay una variable escondida, el voto obligado que nos se expresa sino en las urnas, una parte importante de ellos son de centro y pueden ser votos para Mattei.

La DC no zurda o más de centro como Frei probablemente votaría por Matthei, lo mismo que mucha gente de la concertación que no votarían por los comunistas, FA desencantados del fraude en que se convirtió su presidente. Este universo de votantes no votaría por Kast o Kaiser.

Dos variables que se suman a los votos del nicho propio de la candidata indican que quizás la mas alta votación podría ser Matthei.

Quizás Matthei no conforme del todo mi sensación de terminar radicalmente con el hartazgo tenga parlamentarios demasiado volubles y poco confiables, pero en base a este análisis ganará.

La ambivalencia se definirá en la urna a último momento. Después de nuestra última noche de cavilaciones con la almohada, en la soledad de nuestras últimas reflexiones.

¿Por la razón de un análisis (que puede estar errado) , o por quien refleje más fielmente mi hartazgo.?

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