domingo, 9 de diciembre de 2018

 

Un partido en que uno de sus diputados, Ignacio Urrutia, rinde homenaje a la memoria del ex Presidente Pinochet y otro de sus diputados, Jaime Bellolio, se siente por ello  compelido a retirarse en protesta del recinto, emitiendo declaraciones derogatorias acerca del estadista homenajeado, está en problemas, pues revela que en su seno conviven principios, visiones de la historia y del país incompatibles entre sí.

"Todo reino dividido contra sí mismo es destruido; una casa dividida cae", dijo el Señor, según el Evangelio (Mateo 12.22-30; Marcos 3.20-27).

La historia de la UDI es curiosa, porque se formó en torno a un líder intransigente, Jaime Guzmán, en un medio transigente, el de la derecha chilena, que lo es tanto que en un 77,5% apoya hoy, según la CEP, a un no-derechista, Piñera.

En 1989 aún no terminaba el Gobierno Militar, que fue de derecha como el que más en la historia de Chile, y ya la UDI era minoría entre los propios partidarios de ese gobierno, y lo era precisamente por ser un partido de franca derecha. "Extrema derecha", decían para motejarla los periodistas, que siempre han sido, en su mayoría, de izquierda. Y entonces casi todos encontraban a Jaime Guzmán un tipo "exagerado". Yo no, por supuesto, porque siempre estuve a la derecha de él, a raíz de lo cual solía burlarse de mí, diciéndome, entre risas: "¡Tú defiendes TODO!". Y, en realidad, yo defendía y defiendo todo, incluso a él. Pues muchos decían que él era, para la UDI, como el puñal del poeta: "Si me lo dejan, me matan/ Si me lo quitan, me muero".

Pues la derecha chilena, desde el siglo XX, se ha caracterizado por contener una corriente dominante que está siempre procurando irse hacia el centro e incluso hacia la izquierda, creyendo que allá están los votos (y no se equivocan, pues la mayoría en Chile es de izquierda); pero al irse hacia allá abandonan todo lo demás, hasta sus propias ideas (aunque de ellas muchos derechistas carecen. Lo estamos viendo).

Pero justamente cuando la UDI fue intransigente alcanzó sus mayores logros. Todo el mundo la identificaba con Pinochet y entonces pasó a ser el mayor partido del país. Se suponía que su principal conductor, Longueira, era el más duro de los duros. Que Lavín era un "gallo de pelea" (su lema en las parlamentarias de 1989) y un prohombre del "Sí". Todo eso era tan popular que Lavín estuvo a punto de ganar la primera vuelta de las presidenciales contra Lagos (1999). Pero el propio Lavín entonces "se desinfló" y declaró que "si hubiera sabido" (o sea, si hubiera comprado antes los eslóganes comunistas) habría votado "No" en 1988. Y se convirtió en "el amigo de todos", "bacheletista-aliancista". Pero en la última encuesta radial de Agricultura (programa de Checho Hirane) que respondieron 11.700 auditores) sobre quién debe ser el candidato de derecha en 2021, Lavín salió penúltimo, con 11 %. José Antonio Kast, el único del "Sí", fue primero con 56 %.

Entonces, Lavín y la UDI podrán creerse el resultado de la CEP, de que es el político mejor evaluado, pero para ser candidato presidencial necesita ganar la primaria de la derecha, y ahí está penúltimo.

En realidad, la UDI está tan desorientada que nadie puede saber cuál, entre sus dos candidatos a presidirla, Van Rysselberghe y Macaya, está más cerca de Pinochet o de Piñera. Sólo vino a tenerse un indicio cuando el ex alcalde díscolo del partido, Francisco de la Maza, declaró a "El Mercurio" que Van Rysselberghe es la más alejada de Piñera, aunque la he visto en fotos abrazada con él.

Justamente el crepúsculo de la UDI explica el éxito de su ex diputado, José Antonio Kast, que en la primera vuelta presidencial, sorpresivamente, dobló a la representante de la DC, también otrora el partido más grande del país.

Pero la significancia política de la UDI está tan disminuida que a estas alturas el dirigente partidista más próximo al electorado del "Sí" que hay en "Chile Vamos" es el presidente de RN, Mario Desbordes, el único en toda la coalición capaz de plantarse firme ante las debilidades de Piñera y de criticar la persecución judicial impulsada por este último contra los Presos Políticos Militares. Obviamente, a nivel nacional el más genuino exponente del "Sí" es José Antonio Kast, que no pertenece a Chile Vamos y es el único que disputa la delantera en las encuestas presidenciales (Criteria Research) a la izquierdista Beatriz Sánchez (y alcanzando).

La dirigencia UDI ni siquiera sabe dónde está su verdadera fuerza. El año pasado, en la votación presidencial, parlamentaria y de consejeros regionales, en la lista de éstos iba un nombre símbolo del Gobierno Militar, Cristián Labbé, hijo del coronel (r) perseguido por la justicia de izquierda en los tribunales y los matones comunistas en la calle. No había hecho propaganda y casi nadie sabía quién era. Pero los electores, al ver su nombre, votaron por él masivamente. Sacó la primera mayoría del país en consejeros regionales. Sacó más votos que cualquier candidato a diputado, salvo Giorgio Jackson. Sacó más votos que cualquier candidato a senador, salvo Francisco Chahuán. Ahí está la verdadera fuerza, que se ha ido ahora con José Antonio Kast.

Y así, abandonando la UDI a su electorado natural, se va dando la paradoja de que uno de los objetivos centrales de Sebastián Piñera cuando se trasladó de la DC a la derecha para participar en política, llamado por Hernán Büchi a instancias de Andrés Allamand, en 1989, el de destruir a  la UDI, se está cumpliendo en la medida en que, precisamente, ese partido se ha puesto bajo su alero letal y mortífero casi treinta años después.

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.com/

 

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