Osvaldo Rivera Riffo
Presidente
Fundación Voz Nacional


La historia recoge entre sus páginas el significado de la palabra filibustero.

Para entender mejor lo que indicaré existe un precedente famoso que fue el de Catón el Joven, de quien se decía que era capaz de hablar durante días enteros con tal de frenar las iniciativas legislativas de Julio César.

Imagino que ya habrán descubierto a quien me referiré.

Pues bien, filibustero se denomina a la táctica que se emplea en las asambleas políticas u otros cuerpos deliberantes para retardar impedir o presionar acuerdos aprovechando cualquier oportunidad que ofrezca el procedimiento necesario para ello.

Recoge la historia innumerables ejemplos de políticos que han usado las tribunas de sus hemiciclos por largas horas para impedir presionar  o simplemente  ganar el tiempo necesario para una votación favorable a su interés.

En USA ha sido común este tipo de táctica. Hace algunos años el senador republicano Ted Cruz habló durante 21 hrs. para oponerse al proyecto sanitario del entonces presidente Obama.

Ahora existen reglas que no pueden eludirse por motivo alguno mientras se hace uso de la palabra, incluida en ellas las necesidades fisiológicas. De hacerlo pierden la posibilidad de seguir con su alocución.

La palabra filibustero se comienza a emplear en el siglo XVII para significar a los piratas que atacaban los barcos en las Antillas y que comerciaban con las colonias españolas de américa. Sin embargo en la política de hoy se emplea el término por extensión a cualquier forma de obstruccionismo parlamentario o de interpretación interesada de los reglamentos y usos parlamentarios que resulten favorables a un bando.

Lo que hemos visto recientemente en el mensaje presidencial es una interpretación criolla de filibusterismo, donde en el transcurso de tres horas y media se entretuvo a una audiencia con un discurso lleno de imprecisiones así como contradicciones, intentando convencer de dos objetivos fundamentales: que el fracaso de su gobierno era derivado del rechazo a la reforma tributaria y que su norte ideológico era la puesta en escena de los 50 años del derrocamiento de Allende.

En medio de la escena filibustera, no trepidó en hacer poner a las autoridades militares de pie para que aplaudieran sus audaces palabras en contra del régimen militar que sacó de raíz  del caos a Chile en 1973.

Fue un discurso vacío en la forma y fondo para los intereses de lo que Chile necesita como hoja de ruta segura y firme para el futuro. Un discurso amarrado solamente a los objetivos progresistas que persigue y sin duda con un catálogo de las recetas impuestas por la agenda 2030, de la cual están contestes la mayoría de los invitados a la cuenta pública y en particular los parlamentarios de todas las bancadas con excepción de dos o tres que mantienen firme su compromiso anti globalista.

Entre las cosas relevantes para él, dijo “Chile no sólo debe cuidar su democracia sino la convivencia y el respeto mutuo” y puso como ejemplo dos consideraciones que sorprendieron “en un país civilizado no es aceptable que se hostigue a una académica por ser mapuche”. Con lo cual pretendió liberar a la señora Loncón de toda  responsabilidad por incumplimiento con la ley de trasparencia y por cierto dándole un estatus que la sitúa por sobre la ley, sin reparar en el desprestigio a Chile que esta mujer mapuche ha venido realizando por el mundo desde que la USACH le otorgara un año sabático con fondos públicos, es sin precedentes. Y como segunda consideración se refirió a las críticas a un ministro  no por sus políticas públicas a través de las cuales está destruyendo la capacidad cognitiva y psicológica de los niños de Chile, arguyendo que lo atacan por su preferencia sexual.

Filibusterismo puro y duro. Confundir y ganar el tiempo necesario para que durante días se hable de su engorrosa intervención mientras los problemas de todos los chilenos se agudizan, la inseguridad aumenta y la intervención internacional en el consejo constitucional comienza a hacerse patente, derivada incluso de la reunión sostenida por la Comunidad Europea en el Senado de la República, donde el senador Chahuán hizo gala de su compromiso con el globalismo y el representante europeo no trepidó en hacer presente la intervención que vienen realizando.

Muchos dirán que los ejes fundamentales del filibusterismo escuchado estuvo centrado en seguridad social, seguridad ciudadana y desarrollo sustentable, pero esos tres ejes planteados están cubiertos por un chantaje político ya que los ha dejado sujetos a la reforma tributaria. En otros términos y para entender el filibusterismo del que somos víctimas, la responsabilidad de esas tres prioridades no sería del gobierno sino que correspondería a la negligencia del congreso que no quiere darles respuesta al no aprobar el chantaje impositivo, saqueando con sus reformas el bolsillo de todos los chilenos, en particular de los más desprotegidos. Por eso el término filibustero se asocia muy correctamente con piratería, que en definitiva es lo que vienen haciendo desde el estallido delictual del cual el filibustero fue actor y promotor.

Destruir lo establecido, cambiar el orden institucional y avanzar en un progresismo sin límite en todo el tejido social, usando un lenguaje lleno de términos en que en cada uno de ellos subyace el odio y la mentira. Hablando de un estado social y democrático de derechos, defensa de los derechos civiles, participación ciudadana, redistribución de la riqueza llegando a la equidad económica y a la igualdad social, para  lograr finalmente los “progresos socioculturales”, como por ejemplo el proyecto “Clito” del ministerio de la mujer y equidad de género, mediante el cual se pretende educar a las adolescentes sobre el clítoris y su función, según informa la ministra Orellana, quien además agrega que de no hacerlo se cae en incumplimiento de compromisos internacionales.

Por eso llamo filibustero a quien, en un interminable discurso, pretende seguir engañando  y tergiversando la realidad, incapaz de ver la verdad, acompañado todo eso por performances de ridículos movimientos corporales, para evitar el lado derecho. Todo esto habla claramente de un estado psicopático ya que no concuerdan sus palabras con sus actos. Pero lo que es peor, los medios, comprometidos en su totalidad con el globalismo, invisibilizan sus profundas contradicciones.

Pero aquí vamos, con un filibustero hablando acompañado de una plaga de corsarios de todos los colores, intentando asaltar una goleta llamada Chile, que con dificultad navega con remeros patriotas.

Recalará, si los vientos son favorables, el 17 de diciembre en un puerto llamado En Contra donde los tripulantes, todos nosotros, sacando fuerzas de flaqueza nos  bajaremos a las calles del puerto a defender la riqueza conquistada: Libertad, soberanía y Patria.

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